Diario del Curso de Surf de 360 Camp

El programa más disruptivo y loco de toda la historia de 360 Camp

Quiero empezar este diario desde el jueves por la tarde, soy un chico que me pongo bastante nervioso antes de los viajes y en este caso no iba a ser para menos. Tenía que hacer la maleta para irme a un curso de surf con otros 18 chicos y chicas de distintas ciudades y no sabía ni que meter. Menos mal que me llegó un WhatsApp con todas las respuestas a las preguntas que rondaban mi cabeza.

Bueno, vallamos al lío… viernes a las 17h parte de la gente que vamos desde Burgos, nos organizamos en coches y ponemos rumbo a Rodiles, Asturias. Tras 3 horas de ameno viaje, llegamos a una casa que de primeras ya te llama la atención: tablas de surf colgadas de la pared, un patio interior con luces, banderolas, skates, habitaciones compartidas y un rollazo que no sé muy bien cómo explicar. El primer momento fue de presentaciones entre nosotros, nos hicieron entrega del “Welcome Pack”, la verdad que no esperaba que nos entregasen: una sudadera, un tatto, pegatinas, una bengala, una chapa y una nota que decía “¿El verano 2022 ha acabado? ¡Nosotros no estamos de acuerdo! Te damos la bienvenida al programa más disruptivo y loco de toda la historia de 360 Camp. Nos enfrentaremos a las olas más grandes que jamás hayas visto, te reirás hasta que te duela la tripa, poseerás una random box durante 24 horas, disfrutarás de la wave party y lo más importante, conocerás a gente tan especial que el domingo cuando este paréntesis de tu vida haya acabado echarás mucho de menos.”

Tras ese momento, nos organizamos en las habitaciones y tuvimos una cena muy agradable que finalizó con unos juegos donde nos reímos y sobre todo perdimos toda la vergüenza con la que llegamos. Además, antes de irnos a dormir nos explicaron el juego de las cajas locas y las pistas misteriosas, una “movida” que la verdad tenía muy buena pinta.

Sábado a las 9:00 los despertadores de todos los móviles suenan, desayunamos de manera contundente en la calle y a las 10h nos bajamos hacia la playa, empezaba lo bueno. Se me olvidaba, entre ponerse neoprenos, lycras, echarse crema de surfer, foto de un perfil, foto del otro perfil, foto individual, foto en grupo y demás… la clase comenzó a las 11h. Pablo, el instructor de Surfllar comenzó con un calentamiento y con la teoría de la puesta en pie encima de la tabla, además de introducirnos toda la nomenclatura del surf para que nos fuéramos familiarizando. Tras esos minutos previos, ahora si que sí, era momento de empezar a coger olas o al menos intentarlo. Creo que han sido las 3 horas más rápidas de mi vida, entre colocarse en la tabla, intentar levantarte, respirar después del revolcón que te había hecho la ola y compartir lo que te había pasado con los compañeros… el tiempo se esfumo.

La “macarronada” que nos esperaba a la vuelta fue mayúscula y después momento sobremesa. La tarde también la tuvimos completa, comenzamos con la clase de primeros auxilios y todos los casos prácticos y le siguió una clase de longboard y skate.

La “wave party” había que prepararla como se merecía, todos nos vestimos de blanco y tras una cena riquísima con burgers a la plancha… nos pusimos a bailar, hablar, reír, recordar el mejor momento del día y por supuesto a desvelar nuestras random box.

El domingo se notaba un ambiente de ilusión porque volvíamos a surfear pero a la vez de nostalgia porque sabíamos que el finde estaba llegando a su fin. Pero no había tiempo que perder, por lo que nos bajamos a la playa a surfear y a exprimir cada minuto de la mañana. Hicimos una comida de despedida, nos prometimos que no sería la última vez que volveríamos y después de recoger tomamos rumbo a nuestras casas.

Personalmente, tenía expectativas altas, pero he de reconocer que las ha superado completamente. Ha sido una experiencia única con gente verdaderamente única.

¡Larga vida a 360 Surf Camp!

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